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CARTA PASTORAL “Yo los envío como ovejas en medio de lobos. Sean, pues, astutos como serpientes y sencillos como palomas” (Mt. 10.16)
Estimados hermanos y hermanas:
Reciban mi cordial saludos de Paz y Bien. Nuestro Vicariato Apostólico realiza una labor socio-pastoral en la Selva peruana, en una difícil y conflictiva zona fronteriza debido a la importancia que está tomando la Amazonía a nivel mundial por la diversidad biológica de sus ecosistemas que son los más ricos del planeta y por sus ingentes recursos naturales de aguas, peces, bosques, hidrocarburos y minerales que son codiciados por varias empresas transnacionales. A pesar de esta riqueza natural los habitantes de la Selva viven en una extrema pobreza, sin posibilidades de tener una vida digna. En Aparecida (Brasil) el Papa Benedicto XVI y los obispos de América Latina constataban esta realidad cuando señalaron que se está dando “una devastación ambiental en la Amazonía, con amenazas a la dignidad humana de sus pueblos… y que esta creciente agresión al medioambiente, con propuestas de internacionalización de la Amazonía, solo sirven a intereses económicos de corporaciones transnacionales… que se disputan la ocupación del territorio y las poblaciones tradicionales están siendo prácticamente excluidas… por lo que (ellas) quieren que sus territorios sean reconocidos y legalizados” (DA. 84-86).
En nuestras pasadas asambleas vicariales hemos tratado estos temas y en esta Carta Pastoral quiero, como padre y pastor, compartir mis preocupaciones ante estos acontecimientos y continuar la reflexión que hemos seguido en nuestras diversas asambleas vicariales atentos a los signos de los tiempos, iluminando nuestra realidad con la Palabra de Dios y el Magisterio de la Iglesia y asumiendo compromisos pastorales en vistas a nuestro nuevo Plan Pastoral. Recordemos que el Concilio Vaticano II nos decía: “Los gozos y las esperanzas, las tristeza y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuanto sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo” (GS. 1).
1. Acontecimientos preocupantes.
Hemos seguido con atención y preocupación los acontecimientos posteriores al lamentable enfrentamiento de Bagua del pasado 05 de Junio de 2009, que trajo como consecuencia muertes de policías e indígenas que no debieron morir. Sin embargo teníamos la esperanza que después de este triste evento se construyeran puentes de diálogo, reconciliación y encuentro entre la sociedad peruana y la Amazonía; entre el Estado, las empresas y las comunidades amazónicas para trabajar juntos proyectos de desarrollo integral y sostenible que beneficiara a todos. Lamentablemente no se ha cumplido este deseo porque no se ha querido favorecer la participación de las comunidades en estos proyectos macroeconómicos. Los pueblos de la Amazonía no se oponen al desarrollo sino al tipo de desarrollo que no respeta a las personas, ni al equilibrio ecológico. Un líder indígena decía lo siguiente: “No rechazamos el desarrollo, queremos progreso… pero no nos han tomado en cuenta y el tipo de desarrollo que nos ofrece el presidente no es sostenible y atenta contra la Amazonía, que es patrimonio de todos”.
No hubo voluntad para que las Mesas de trabajo pudieran concluir sus propuestas en la formulación de un Plan Integral para el desarrollo sostenible de los pueblos amazónicos, no se ha querido investigar con objetividad y veracidad los sucesos de Bagua y sus responsabilidades acusando injustamente a líderes indígenas, misioneros y algunas ONGs como culpables de los enfrentamientos; sin reconocer los errores que ministros del Estado y congresistas han cometido en la formulación de leyes anticonstitucionales y en el manejo del conflicto.
Los obispos de la Selva, acompañados por el Presidente de la Conferencia Episcopal y por el Sr. Nuncio Apostólico, quisimos conversar con el Sr. Presidente de la República para informarle sobre nuestro trabajo socio-pastoral en la Amazonía, expresarle los sentimientos de desconfianza que hay en la Selva hacia su gobierno y su deseo de que se den señales de buena voluntad para la reconciliación y participación. Le pedíamos que se continuaran los esfuerzos de las mesas de trabajo, con mayor vinculación ministerial y presidencial, para que se lograran las metas; que se implementara un marco jurídico que garantizara los derechos de los pueblos indígenas según los acuerdos internacionales firmados por el Estado peruano; y que se favoreciera la titulación y ampliación de sus territorios para contar con una mayor protección legal ante las invasiones y concesiones. Pedíamos también la creación de una instancia institucional entre el Estado y los pueblos indígenas para facilitar la participación, dialogo y consulta en los planes, programas y proyectos de desarrollo. Nos ofrecíamos como facilitadores, más no como mediadores, en este intento de mayor comunicación. El Sr. Presidente nos agradeció el trabajo que realizamos reconociendo que desconoce muchos aspectos de la idiosincrasia de las poblaciones indígenas y nos prometió que iba a conversar estas propuestas en el Consejo de Ministros y en una semana nos iba a dar respuesta. Hasta la fecha no hemos tenido una respuesta oficial.
Por tanto; me preocupa que, lejos de dar señales de buena voluntad, se continúen dando concesiones agrícolas, forestales, mineras o de hidrocarburos a diversas empresas; se sigan emitiendo leyes contrarias a los derechos de las comunidades amazónicas para favorecer la extracción ilimitada de los recursos naturales perjudicando la biodiversidad de la Selva; se sigan contaminando los ríos y cochas, como en el pasado mes de Junio que se derramaron 400 barriles de petróleo en el Río Marañón, cometiendo daños irreparables a los ríos, peces, personas y comunidades. Me da la impresión de que no hay voluntad para el diálogo, la consulta y la participación en el desarrollo conjunto de la Amazonía y sí hay, por otro lado, intereses mercantilistas para depredar la Selva poniendo en riesgo la supervivencia de la humanidad.
Se está criminalizando la protesta social, se persigue a líderes indígenas contrarios a las concesiones, se pretende expulsar a algunos misioneros (como al Hno. Paul Mc Auley) por defender este patrimonio ecológico, informar a las comunidades acerca de sus derechos, alertarlos de los peligros que se avecinan y por denunciar a los responsables que originan los daños que se cometen contra las comunidades y la naturaleza. Me preocupa que esos actos estén siendo considerados delitos que alteran el orden público y no se consideren delitos la contaminación de los ríos, la deforestación de los bosques, la ilegalidad y corrupción en la adjudicación de concesiones para el enriquecimiento injusto de algunas personas o empresas y para perjuicio de los habitantes de la Amazonía y de la misma humanidad.
Me preocupa también la conflictividad y el abandono que se vive en nuestras fronteras por las cuencas de los ríos Napo, Putumayo y Yavarí donde se están agudizando estos problemas socio-económicos, hay mayor presencia de comunidades indígenas y pocos misioneros, educadores, profesionales de salud y servidores públicos. En la Provincia de Ramón Castilla se ha incrementado la violencia con muertes por causa del narcotráfico y existe un ambiente de miedo e inseguridad. Solidaricémonos con nuestras hermanas y hermanos misioneros que atienden estas comunidades en medio de graves peligros.
2. Seamos fieles y perseverantes en nuestra labor misionera.
Somos discípulos y misioneros que seguimos el proyecto de evangelización y la construcción del Reino de Dios que Cristo nos ha confiado. “El proyecto de Jesús es instaurar el Reino de su Padre, que es un reino de vida y el contenido fundamental de la misión” (DA. 361). Pero trabajar en este proyecto no es tarea fácil, trae consigo sufrimiento y persecución por el compromiso a favor de la justica hacia los más pobres y relegados. ¡No tengamos miedo! el Señor nos anima a perseverar y ser fieles a esta misión porque también él fue perseguido y crucificado por cumplir el encargo que su Padre le había hecho. Nos dice: “Yo los envío como ovejas en medio de lobos… ustedes serán llevados ante gobernantes y reyes por causa mía, y tendrán que dar testimonio ante ellos, pero el Espíritu hablará por ustedes… No tengan miedo… el discípulo no está por encima de su maestro… El que no carga con su cruz y viene detrás de mí, no es digno de mí” (Mt. 10.16ss).
Los apóstoles, continuadores de su misión, enfrentaron los mismos problemas y sellaron con su propia vida su compromiso misionero. Lo mismo pasó con los cristianos que enfrentaron el poder imperial de Roma y nos dejaron el testimonio de su martirio; muchos padres de la Iglesia, papas, obispos, sacerdotes, religiosos y religiosas, misioneros, catequistas y fieles cristianos han asumido estos mismos retos. En los comienzos de nuestros Vicariatos Apostólicos y a lo largo de su historia no han faltado testimonios de valentía y compromiso de algunos misioneros hacia los indígenas, ribereños y pobladores de la Selva en los tiempos difíciles de la extracción del caucho y en otras épocas. Ellos con su trabajo y esfuerzo nos han dejado una herencia que debemos continuar hoy. El Documento de Aparecida nos dice al respecto: “En el seguimiento de Jesucristo, aprendemos y practicamos las bienaventuranzas del Reino, el estilo de vida del mismo Jesucristo: su amor y obediencia filial al Padre, su compasión entrañable ante el dolor humano, su cercanía a los pobres y a los pequeños, su fidelidad a la misión encomendada, su amor servicial hasta el don de su vida… Nos alienta el testimonio de tantos misioneros y mártires de ayer y de hoy en nuestros pueblos que han llegado a compartir la cruz de Cristo hasta la entrega de su vida” (nn. 139 y 140).
La Pastoral Indígena ha sido una permanente preocupación en nuestro Vicariato pues hay alrededor de 15 diversos grupos étnicos y estamos muy distantes de ellos tanto geográfica como culturalmente. El Documento de Aparecida nos dice que “ellos son los pobladores más antiguos del continente,… son poseedores de innumerables riquezas culturales, que están en la base de nuestra identidad actual… y que hoy están amenazados en su
existencia física, cultural y espiritual, en sus modos de vida, en sus identidades, en su diversidad, en sus territorios y proyectos… ellos emergen ahora en la sociedad y en la Iglesia como un ‘kairós’ para profundizar el encuentro de la Iglesia con estos sectores humanos que reclaman el reconocimiento pleno de sus derechos individuales y colectivos… la Iglesia debe acompañarlos en sus luchas por sus legítimos derechos” (nn. 88-92).
El cuidado de la creación y la defensa de la Amazonía son también preocupaciones nuestras desde la celebración del Año de Gracia Ecológico (2007) donde tomamos mayor conciencia de la gravedad de la situación en la Selva iluminados por el Magisterio de la Iglesia; especialmente por los papas Juan Pablo II, Benedicto XVI y los obispos de nuestro continente reunidos en la V Conferencia General celebrada en Aparecida (Brasil).
El Papa Benedicto XVI en su Mensaje de Año Nuevo 2010 ha dicho: “Si quieres promover la paz, protege la creación… porque la paz mundial está amenazada por la falta del debido respeto a la naturaleza debido a una explotación inconsiderada… y pone en serio peligro la disponibilidad de algunos recursos naturales, no solo para la presente generación, sino sobre todo para las futuras… y la protección de la naturaleza nos lleva también a la protección de las personas (ecología humana) afirmando la inviolabilidad de la vida humana en cada una de sus fases y en cualquier condición que se encuentre”(Mensaje de Año Nuevo 2010).
El Documento de Aparecida “agradece a los que se ocupan de la defensa de la vida y del ambiente, a los campesinos que con amor generoso trabajan duramente la tierra para sacar el sustento para sus familias y aportar a todos los frutos de la tierra. Valora especialmente a los indígenas por su respeto a la naturaleza y el amor a la madre tierra como fuente de alimento, casa común y altar del compartir humano… Se experimenta hoy una explotación irracional que va dejando una estela de dilapidación, e incluso de muerte, por toda nuestra región y responsabiliza al actual modelo económico que privilegia el desmedido afán por la riqueza, por encima de la vida de las personas y los pueblos y del respeto racional de la naturaleza… (y llama a tomar) conciencia sobre la importancia de la Amazonía para toda la humanidad y para establecer entre las iglesias locales de los diversos países sudamericanos, que están en la cuenca amazónica, una pastoral de conjunto para crear un modelo de desarrollo que privilegie a los pobres y sirva al bien común” (nn. 472, 473 y 475).
En nuestras asambleas vicariales hemos tomado en cuenta estos mensajes del Señor y de la Iglesia para delinear las orientaciones pastorales para nuestro nuevo Plan Pastoral y hemos destacado estas líneas: La recuperación de las identidades indígenas y amazónicas, la formación integral y permanente, el cuidado de nuestra casa común (La Amazonía) y la Justicia Social. Sigamos este camino para acompañar a nuestras comunidades en estos momentos difíciles confiados en la presencia del Señor y de su gracia para seguir anunciando el Evangelio de la vida a la que estamos llamados por nuestra vocación misionera.
3. Nuestros Compromisos Pastorales.
Invito a todos ustedes hermanos y hermanas para retomar estas orientaciones pastorales y responder como Iglesia Particular a las graves necesidades que enfrentamos con nuestras comunidades en la tarea de anunciarles el Evangelio de la Vida.
Nuestra primera responsabilidad es anunciar a Jesucristo camino, verdad y vida (Jn. 14.6). El Documento de Puebla nos dice: “Nos proponemos anunciar las verdades centrales de la evangelización: Cristo, nuestra esperanza, está en medio de nosotros, como enviado del Padre, animando con su Espíritu a su Iglesia y ofreciendo al hombre de hoy su palabra y su vida para llevarlo a su liberación integral” (n. 166). Desde el testimonio y la presencia de Cristo; misionero del Padre, Señor y Salvador nuestro nos ocuparemos de la formación integral a través de la catequesis, visitas a las comunidades cristianas, familias, niños, jóvenes, ancianos y enfermos. Nuestra misión debe partir de un encuentro personal con Cristo a través de la oración personal y comunitaria, para configurarnos con él como discípulos que somos.
Debemos también atender mejor a nuestros hermanos indígenas y ribereños que necesitan ahora más que nunca de nuestra presencia, cercanía y apoyo para que puedan llevar una vida más digna para ellos y para sus hijos. Valorar sus culturas y espiritualidades, defender sus territorios, asesorarlos en sus requerimientos y acompañarlos en sus luchas por sus legítimos derechos.
Queremos asumir también algunos compromisos en la defensa de la Amazonía teniendo una mejor información de lo que sucede en nuestro medio, capacitarnos en la Doctrina Social de la Iglesia sobre este tema, fortalecernos mediante alianzas estratégicas con la sociedad civil e instituciones públicas o eclesiales que promueven esta tarea y formular propuestas que favorezcan el desarrollo integral y sostenible en nuestras comunidades. Confiados en la ayuda divina asumamos la tarea de tutelar los bienes de la creación y proteger a las personas que moran en este Vicariato Apostólico para que tengan vida en abundancia bajo la guía del Espíritu Santo, protagonista de la misión, con la intercesión y protección de la Virgen María nuestra Madre y de San José nuestro patrono para continuar con fidelidad la misión que el Señor y la Iglesia nos han encomendado.
¡Que el Señor nos bendiga y nos guarde!
+Mons. Alberto Campos H., O.F.M. Obispo – Vicario Apostólico de San José del Amazonas.
Indiana, 18 de Julio de 2010 |