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SAN OSCAR ARNULFO ROMEROAcabamos de celebrar la canonización de Romero...

Y una primera constatación, es que Romero no necesitaba ser canonizado; ya el pueblo lo había reconocido hace mucho tiempo. Ni nosotros necesitábamos que lo canonizaran para reconocerlo; ya lo habíamos reconocido también hace mucho tiempo.

Inclusive, esta canonización corría el riesgo de quitarle valor a la primera y original. Hace años ya lo había expresado Don Pedro Casaldáliga: «Que no canonicen nunca a san Romero de América, porque le harían una ofensa. Él es santo de un modo muy particular. Ya está́ canonizado. Por el Pueblo. No hace falta nada más». Se lo decía yo a Jon Sobrino cuando visité el sepulcro del arzobispo mártir. Le decía: “Mira, Jon, que a nadie se le ocurra canonizar a Romero, porque sería como pensar que la primera canonización no sirvió́”…». (Pedro CASALDÁLIGA, El vuelo del Quetzal. Espiritualidad en Centroamérica, Managua 1988, p. 10).

El reconocimiento de los santos por la Iglesia (eso es la canonización) pertenece al “sensus fidelium”, o sea la percepción de esa santidad por parte del pueblo de Dios. Los primeros santos fueron “aclamados” por ese pueblo que reconocía objetivamente e intuitivamente ese seguimiento de Cristo en ellos y ellas. Entre ellos de manera especial se encuentran los y las mártires, reconocidos y reconocidas desde los primeros siglos de la Iglesia como los que dieron testimonio del seguimiento hasta las últimas consecuencias.

El valor y la importancia de esta canonización están en otra dimensión. Va en la línea de la reivindicación… Ahora Romero pasa a ser modelo propuesto no solo para los y las que ya lo teníamos como tal; es modelo propuesto para todos y todas en la Iglesia. Incluso para los que nunca creyeron en Él y hasta lo repudiaron y condenaron.

Francisco, hablando de él, ha dicho; “Romero fue mártir dos veces: cuando lo asesinaron y cuando sus propios hermanos obispos lo difamaron, calumniaron y arrojaron tierra sobre su nombre".

Esta canonización y en el momento actual, me recuerda la parábola del samaritano, en la que Jesús propone como modelo para los sacerdotes, levitas, fariseos y todos los judíos, al que había sido considerado hasta entonces como el enemigo, el impuro, el hereje. Al escuchar esa parábola de Jesús, me imagino la reacción de aquel auditorio… ahora me imagino la reacción de todo ese sector de la iglesia que se opone y lucha contra la reforma evangélica de la iglesia.

Al reivindicar a Romero y proponerlo como modelo, también se reivindica el modelo de iglesia que Él representa: la iglesia del Vaticano II; la iglesia de Medellín y Puebla; el modo de ser iglesia plasmado en las cebs; la iglesia comprometida con los y las pobres en la lucha por la justicia.

Romero representa un modelo distinto de presbiterado y de episcopado; un modelo distinto de seguimiento de Jesús; un modelo distinto de espiritualidad y experiencia de Dios y ese modelo, ahora, después de ser tan atacado. Denigrado y combatido, es reivindicado y propuesto como el modo de vivir el compromiso creyente para todos y todas.

Por eso es tan significativo que haya sido canonizado junto con Paulo VI. Como dijo el mismo Francisco: "Pablo VI y Romero son profetas de una Iglesia extrovertida que mira a los lejanos y cuida de los pobres".

Con Romero, se canoniza a la Iglesia de los pobres y el martirio por la libertad, especialmente en América Latina. Con Nunzio, a los jóvenes. Con Nazaria, a las mujeres valientes. Pobres, mujeres, jóvenes son tres de los ejes de esta reforma de la Iglesia con la que sueña Francisco y contra la que luchan muchos que, hoy, habrán bajado los ojos y se habrán mordido los labios al ver al arzobispo mártir del Salvador y a Pablo VI elevados a los altares.

En la homilía, toda ella centrada en la Palabra del evangelio, Francisco seguía diciendo: “Pidamos la gracia de saber dejar por amor del Señor: dejar riquezas, dejar nostalgias de puestos y poder, dejar estructuras que ya no son adecuadas para el anuncio del Evangelio, los lastres que entorpecen la misión, los lazos que nos atan al mundo. Sin un salto hacia adelante en el amor, nuestra vida y nuestra Iglesia se enferman de «autocomplacencia egocéntrica» (Exhort. ap. Evangelii gaudium, 95).”

Seguía diciendo: “Jesús cambia la perspectiva: de los preceptos observados para obtener recompensas al amor gratuito y total”.

Y lo concretizaba muy claramente: “Pablo VI lo hizo, siguiendo el ejemplo del apóstol del que tomó su nombre. Al igual que él, gastó su vida por el Evangelio de Cristo, atravesando nuevas fronteras y convirtiéndose en su testigo con el anuncio y el diálogo, profeta de una Iglesia extrovertida que mira a los lejanos y cuida de los pobres”.

“Es hermoso que junto a él y a los demás santos y santas de hoy, se encuentre Monseñor Romero, quien dejó la seguridad del mundo, incluso su propia incolumidad, para entregar su vida según el Evangelio, cercano a los pobres y a su gente, con el corazón magnetizado por Jesús y sus hermanos”.

“Como se dice de Romero: "los pobres le ayudaron a leer el evangelio".”

Francisco mismo nos lanza el desafío que nace de esta canonización: “Arriesguémonos a secundar sus pasos en esta historia que vivimos y en esta Iglesia que aún está tan lejos de ser servidora y "pobre y para los pobres".

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