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REPENSAR1Sin duda que la devoción al Sagrado Corazón es una de las devociones más extendidas y arraigadas en el pueblo cristiano; es común ver en las casas su imagen e incluso es frecuente encontrarlo en calendarios, estampas y almanaques.

Sin embargo, esta abundancia contrasta con la escasez que encontramos en el nuevo testamento; llama la atención porque en los textos de los evangelios encontramos solamente un texto que hable del corazón de Jesús: “Carguen sobre ustedes mi yugo y aprendan de mí, porque soy paciente y humilde de corazón, y así encontrarán alivio. Porque mi yugo es suave y mi carga liviana”. Mt. 11:28-30

¿Sería, entonces, una devoción no muy bíblica?

A partir del siglo XVI, que es cuando se propaga esta devoción, comenzamos a atribuir a Jesús una serie de elementos que en nuestra cultura occidental son atribuidos al corazón. Entendemos el corazón como el lugar de los sentimientos. Además quedó rápidamente reducida al momento de la cruz y pasó de ser el sujeto que sirve de modelo a ser el objeto al que debe ser destinado nuestro propio sentimiento.

“La devoción al Corazón de Jesús ha existido desde los primeros tiempos de la Iglesia, cuando se meditaba en el costado y el Corazón abierto de Jesús, de donde salió sangre y agua… Su Corazón estaba rodeado de llamas de amor, coronado de espinas, con una herida abierta de la cual brotaba sangre y, del interior de su corazón, salía una cruz… Con estas palabras Nuestro Señor mismo nos dice en qué consiste la devoción a su Sagrado Corazón. La devoción en sí está dirigida a la persona de Nuestro Señor Jesucristo y a su amor no correspondido, representado por su Corazón. Dos, pues son los actos esenciales de esta devoción: amor y reparación. Amor, por lo mucho que Él nos ama. Reparación y desagravio, por las muchas injurias que recibe sobre todo en la Sagrada Eucaristía”.

El corazón real, corporal, histórico, de Jesús va desapareciendo y quedando en segundo plano.

De hecho, en la mentalidad y cultura judaica del tiempo de Jesús, el corazón no es tanto el lugar de los sentimientos y emociones sino el de las opciones y decisiones.  El corazón es lo que se halla en lo más interior; ahí se hallan, sí, los sentimientos, pero también los recuerdos y los pensamientos, los razonamientos y los proyectos; de ahí nace la praxis coherente con la memoria histórica y las opciones asumidas.

Ya decía Oseas que el Dios que ha hecho opción por su pueblo no puede pretender su destrucción; “sólo ante esta idea se le revuelve el corazón” (Os 11,8). Es decir, “cuál es su pensamiento en su corazón, tal es él” (Prov 23,7). Y si ha conducido al desierto a su esposa, es para hablarle de nuevo al corazón” (Os 2,16). De ahí nacerán nuevas re-opciones y nuevas re-decisiones; por eso, habrá una nueva alianza que nace de un nuevo corazón (Jer 31,33; 32,39; 24,7; Deut 29,3).

El corazón de Jesús es, entonces, el del gran proyecto del Reino; el de la decisión de comprometer la vida en la defensa de los excluidos y excluidas; el de las opciones que van a ser consideradas y juzgadas como heréticas y subversivas y que desembocarán en la muerte de cruz.

Nuestra devoción al corazón de Jesús debería ser, entonces, la que nos impulse a revisar nuestras opciones, nuestras decisiones y compromisos.

Una vida religiosa que como dice Pablo “con el corazón crea para la justicia (Rom 10,9-10).

Si las opciones reales de la vida religiosa no son las de Jesús en un serio compromiso con los excluidos y excluidas para la justicia, la equidad y la libertad, tendría que escuchar el mismo reproche que los fariseos: “Bien profetizó Isaías de ustedes, hipócritas: este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está muy lejos de mí” (Mc 7,6). Por mucha piedad y devoción al Sagrado que tuviera.

La vida religiosa debe escuchar el llamado que se hacía a las comunidades joaninas: “el que tiene bienes de este mundo y ve a su hermano tener necesidad, y cierra contra él su corazón, ¿cómo mora el amor de Dios en él?” (1Jn 3,17).

La vida religiosa, como dice Oseas, debe volver al desierto, ahí donde nació, a revisar sus decisiones, opciones, prácticas y compromisos para renovar su alianza y recuperar o fortalecer su identidad en el seguimiento de Jesús. Una comunidad de seguidores y seguidoras de Jesús debe tener “un solo corazón”; un solo compromiso como el de Jesús que la comprometa en la lucha para que “no haya pobres entre ellos”  (Hech 4,32-33).


JBMC

Esta página nos invita a re pensar
Hoy con el “Sagrado Corazón”…  ¿sentimientos, devociones?
¿Decisiones, compromisos al modo de Jesús?

RE- PENSEMOS…

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